El punto de vista general asocia a Carlos Santana a la categoría de superguitarristas, lo que es cierto, pese a sus insistentes tópicos, que hacen de él un músico con un sonido demasiado definido y personal como para cosa buena (cuando algo suena a Santana lo reconoce hasta el gato).
Es cierto que su querencia es a la fusión de salsa y rock, y que ha concitado en torno a sí a numerosos artistas latinos, ya sean de su país (México) o de Cuba y países satélites (en lo musical) que se decía entonces en lo político. Pero no es esa la orientación que yo quería mostrar hoy, ya que tuvo también una fase progresiva -para él experimental pues no duró más que dos o tres discos- en los que se embarcó en temas conceptuales, instrumentales, abandonando la dinámica industrial de dividir el disco en singles de éxito.
El disco conceptual es precisamente un elemento que va surgiendo de norma más generalizada a partir de 1970, y consiste en un producto que es poco susceptible de dividirse en partes más pequeñas, ya por su letra (las canciones van contando poco a poco la misma historia, tenemos a Lou Reed como ejemplo señero) o por su música, que se aloja en el surco sin espacios de silencio entre canciones (este es el caso del LP Caravanserai, 1972). Este gran disco se abre con el tema de hoy, en el que el contrabajo simula el bamboleo de los camellos en el desierto, disfrazándose la guitarra del monstruo de Jalisco y su pedal wah wah de viento arenoso. Una representación sonora y conceptual de una ruta comercial que unió varios puntos de Asia.
Un LP de lo más recomendable que hay para ir poco a poco sumergiéndose en una siesta. Va por el crítico vitaminado KJMan: puedes hacerte con el disco en los circuitos habituales y si no, ya sabes, hablas con tu camello preferido.
Dedicada especialmente a D. Luis Conde de la Cruz.
http://es.youtube.com/watch?v=YJyNC6K2Adw&feature=related
StakanovDj
Hasta mañana